En todos los lugares, bares, restaurantes, autos, tiendas y mientras caminan por la calle, las personas están absorbidas por unas pequeñas pantallas que sostienen entre las manos.

«¿Qué están haciendo?», se preguntaría el viajero. Y si se detuviera a preguntar a una de esas personas, probablemente la respuesta le sorprendería todavía más. Mucha gente ni siquiera sabe realmente qué hace cuando mira el celular.

Consultamos el móvil unas 150 veces al día. Apple dice que desbloqueamos el iPhone unas 80 veces. Y si es un Android, el número aumenta hasta 110.

Los smartphones han cambiado la manera en que usamos nuestro tiempo libre. Tenemos una batalla casi personal con nuestro teléfono. Limitamos el número de horas que lo usamos, le quitamos el sonido, reducimos el brillo de la pantalla… Pero el celular parece tener un poder casi hipnótico sobre nosotros.

Por qué nos resulta tan difícil resistirnos a los encantos de las nuevas tecnologías?

La explosión de las redes sociales ha hecho posible que sepamos en tiempo real lo que hace la gente en cada momento. Por eso el FOMO (miedo a perderse algo, del inglés, fear of missing out) es el trastorno «de moda»: nos atormenta el pensar que nos estemos perdiendo algo interesante constantemente.

En un reciente estudio publicado en la revista Motivacion and Emotion, varios científicos analizaron la base psicológica y social del FOMO. Y concluyeron que los rasgos de la personalidad como el neurotismo o la extroversión no tienen nada que ver con la adicción a los smartphones.

La verdadera causa que hace los celulares tan irresistibles es la economía de la

Algunos empresarios pagan mucho dinero para mantener nuestra mente ocupada con aplicaciones y juegos.

El abogado estadounidense Tim Wu, especialista en la neutralidad de internet y autor de «TheAttention Merchants: The Epic Scramble to Get Inside Our Heads» (Los comerciantes de la atención, la lucha épica por entrar en nuestras cabezas, 2016), observó este fenómeno cuando trabajaba en Silicon Valley. «La economía de la atención es inevitable»

«Algunas firmas tecnológicas estaban desesperadas por un nuevo modelo de negocio; se dieron cuenta de que tenían que captar la atención de la gente. Fue un gran cambio en la historia del capitalismo cuando algunas de las más importantes se decantaron por ese modelo», explica Wu.

«Todo iba a ser gratis. Había llegado un nuevo tipo de economía».

James Williams trabajó durante más de 10 años en Google, pero dejó la compañía para investigar cómo la tecnología capta nuestros sentidos y cuáles son las implicaciones morales y políticas de la economía de la atención.

Williams trabaja en el departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Oxford, Inglaterra, y es el fundador de Time Well Spent (tiempo bien usado), una organización sin ánimo de lucro que buscar revertir la «crisis de atención digital» causada por las empresas tecnológicas.

«Muchas compañías se percataron de que existía ese recurso natural a su alrededor: la atención de la gente; si les das cosas gratis, puedes captar su atención y después vender más», dice Williams.

«Eso se convirtió en el modelo de negocio por defecto de las empresas en Silicon Valley. Cuando trabajé en Google, estuve en el departamento de Search Advertising(publicidad de búsqueda), uno de cuyos objetivos era cambiar el sistema de la publicidad».

Lo importante ahora era maximizar el número de clics y el tiempo de engagement (la interacción de los usuarios), añade Williams.

«Pero a nadie le importa mucho el tiempo que pasa usando una aplicación o en una página web, o los clics que genera. Hay un gran desajuste entre los objetivos de esa economía de la atención emergente y los objetivos que tenemos nosotros mismos como humanos».

Muchas aplicaciones y páginas web se crearon siguiendo los principios de la economía de la atención. Sus creadores sabían muy bien lo que estaban haciendo y por qué.

Sean Parker, cofundador de Facebook, declaró el pasado noviembre que la manera en el que se construyeron algunas aplicaciones (como Facebook) se basó en fundamentos psicológicos.

«Pensamos en cómo podemos consumir la mayor parte de tu tiempo y captar tu atención en la medida de lo posible. Eso significa darte un poco de dopamina de vez en cuando porque alguien hizo clic en ‘Me gusta’ o comentó en una foto que publicaste», dijo el empresario.

«Es el tipo de cosa que a un hacker como yo se le ocurriría. Explotamos una vulnerabilidad de la psicología humana».

«Hoy día, todo consiste en hacer que la gente quiera cosas y en lidiar con el hecho de que tenemos una capacidad de atención limitada. Quien se adentre en la mente de la gente gana… y los demás pierden», explica Wu.

Y cuanto más saben las apps sobre nosotros, mejor pueden captar nuestra atención y más dinero hacen.

«Ser cuidadoso en qué centras tu atención y desarrollar mejores hábitos te convierte en una persona que tiene más control sobre su vida, más autonomía», dice Wu.

Pero William considera que puede que ya sea demasiado tarde: «Estamos en un momento caótico. No somos capaces de comprender la tecnología que tenemos delante de nuestras narices».

Fuente: www.elpais.com